D’Leite, Santiago Centro

El año de la alpaca

D’Leite Peruano

Cómo llegué

En Instagram comencé a seguir una cuenta de comida muy buena: @AlmorzandoEnElCentro. Una de sus fotos más recientes era la Hamburguesa a lo Pobre del restaurante D’Leite Peruano. Se veía mortal, así que no lo dudé y partí inmediatamente a probarla.

El restaurante D’Leite Peruano

Ubicado en Bandera 684, en Santiago Centro, hay que decir al tiro que el mensaje que entregan en cuanto a su imagen es un poco confuso. Y es que adentro del local funcionan dos restaurantes distintos, pero del mismo dueño. Uno es el D’Leite, de cocina peruana, y otro el Chifa, que obviamente ofrece ese tipo de comida (mezcla china con peruana).
Comparten cocina y espacio físico, pero cada uno tiene su carta, su decoración, sus garzones, etc. Por lo mismo, se puede escuchar música andina, mientras ves al Maneki Neko (el típico gato dorado que mueve un brazo).
Pasa lo mismo con el frontis del local y en general con todos los elementos que puedas ver. No sabes si estás en China o Perú.

La carta del D’Leite

Yendo directo a los sánguches, tienen tres secciones. Primero están los Sánguches Clásicos del Perú, que son cinco variedades incluyendo un acevichado, otro de lomo saltado y uno de chicharrón de cerdo. También está el apartado de hamburguesas premium, que son tres opciones que al parecer destacan por lo contundente de sus preparaciones. Y por último están simplemente las “hamburguesas”, donde te encuentras con cinco combinaciones distintas. De éstas, elegí la Hamburguesa a lo Pobre: hamburguesa a la parrilla, sarza criolla, plátano frito, huevo frito, camote al hilo, acompañado de “rica salsa”, según reza la carta.

La hamburguesa a lo pobre

Hay muchas cosas “perfectibles” (ya se me quedó pegado el término. Gracias Piñera. O Kramer mejor dicho jaja).
Partamos por lo más evidente, que pueden ver en la foto de más abajo: el huevo frito. No hay que ser chef para notar que está pasado. La lata de esto, más que el sabor, es que te quitan el privilegio de romper la yema y que chorree el juguito sobre la hamburguesa. Ya he dicho que es de los placeres gastronómicos más grandes de todos. Pero con el huevo así, no se pueden. Mal.
Sigamos. La hamburguesa. Ya me pasó una vez (puedes leer esa critica aquí), pero tiene esa consistencia como de hamburguesa de supermercado, tipo Patty/Copec o como le quieran llamar. No tenía los alveolos, esos “aires” característicos de las hamburguesas hechas con carne molida fresca. Además, venía muy cocida. No era mala mala, pero uno espera más.
El camote no estaba crujiente, que es una de sus gracias al ponerlo dentro de un sándwich: que le aporte crunchy para así combinar distintas texturas en un solo mordisco.
El pan, ni fú ni fá. No destacaba. Era un poquín chicloso, pero a Sebastián “igual le gustó”. A mi parece que no tanto.
Lejos lo mejor fue el plátano frito. Increíble. Sabroso y blandito. Lo usaré la próxima vez que cocine.
Para tomar pedimos una “limonada D’Leite”, con limón de pica, albahaca, menta y jengibre. Puro bluff. Era bien aguada, y ni el jengibre ni la menta se sentían. Era más una “albahacada”.

En resumen

A ver. Es un lugar que igual ha sido destacado en #HayQueIr de Daniel Greve (incluso con Gastón Acurio de invitado). Y tiene su clientela fiel. Por lo mismo, me imagino que su comida netamente peruana debe ser deliciosa (o la chifa quizás). Pero las hamburguesas se nota que no son su fuerte. ¿Quizás los sánguches sí? Habrá que ver. Pero a juzgar por mi experiencia, no hay que dejarse llevar por las apariencias, porque se ve muy rica en la foto, pero en la realidad no lo era.
Sí me gustó la atención muy atenta de todo el personal, y que gracias al aire acondicionado servía como refugio del calor santiaguino. Pero como les comenté, la hamburguesa está al debe. Solo para mirar

HAMBURGUESA A LO POBRE

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